Cuentos de Detectives

Cuentos cortos sobre Animales Detectives

El sol desaparecido

Bul-bul-bul… Bul-bul-bul! Desde la cocina de la Casa de los Animales Detectives llegaba un misterioso burbujeo. Al poco rato se oyó un fuerte: —¡Auuu! ¡Está caliente! Patricia, Alfredo, Sofía y Ala corrieron a la cocina tan rápido como pudieron. En la mesa de la cocina estaba Kuba, con una bata de hojas verdes. Tenía los

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Las ilusiones

Poranek nad jeziorem comenzaba como siempre: con una luz dorada deslizándose entre las hojas de las palmeras y un coro de pájaros que no tenía idea de que algunos preferían seguir durmiendo. —¡Uno, dos, tres! —contaba con energía el león Kuba mientras hacía sentadillas en la terraza con su inseparable sombrero de detective—. ¡Cuerpo sano,

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El caso de las huellas dobles

Lew Kuba se despertó, como siempre, el primero. —¡Equipo, arriba! ¡Es hora de la gimnasia de la mañana! —gritó, poniéndose su sombrero favorito de rayitas amarillas. En el claro frente a la oficina de la agencia Animales Detectives aparecieron, uno tras otro: la jirafa Sofía, bostezando; el oso hormiguero Alfredo, un poco despeinado; y la

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Leżozwierz Malwin

La mañana en la selva comenzó tranquila. El sol apenas se elevaba sobre las palmeras y, en el claro frente a la casa de los Animales Detectives, todo estaba silencioso y brillante. Kuba se estiró tanto que su melena onduló como una nube suave. Zofia alzó el cuello para comprobar que todo estuviera en orden

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La bibuela perdida

Capítulo 1. La desaparición del papel de seda Por la mañana, la escuela todavía dormía, pero en el aula del campamento artístico ya había movimiento. La señorita Ada colocaba crayones, tijeras, cartulinas de colores y vasos con agua. Sobre la mesa esperaban cuencos con pintura, y junto a la ventana había dos grandes cajas con

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Wielki deszcz i festyn

**Capítulo 1 – Kuba no quiere dormir** Era tarde por la noche. En la terraza de la casita junto a la selva estaban sentados tres: Alfred, Sofía y Patricia. O, en realidad, cuatro, porque Agata se había hundido tanto en el sillón que parecía parte de él. Hablaban en susurros, porque la noche era tranquila

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