La caja vacía
Alfred abrió un ojo. Hacía calor. Un calor agradable, aunque detrás de la delgada pared de hielo del iglú reinaba la noche polar. Una pequeña lámpara de aceite oliva lanzaba una luz dorada sobre las paredes de nieve. Alfred estaba cubierto con tres mantas y se sentía de maravilla. Se levantó, apartó el bloque de









